Bienvenida a Concepción
Maletas cargadas, llovía. Pero feliz fue aquel encuentro con
el invierno, después de vivir toda una vida entre playas, desierto y espinos.
Comenzaba el recorrido, por una fascinante ciudad, encontrarse con el majestuoso brazo del Biobío, quien seducía a Pablo Neruda tallado en piedra en la desembocadura del mismo nombre, fue una postal única e inolvidable, lugar de culto, que sigue cautivando y se mantiene como uno de mis lugares favoritos del gran Concepción, a estas alturas ya había olvidado esos días pasados entre llamas y cactus. Seguía lloviendo.
De la nada un claro de luz ¿y la lluvia?, la lluvia cesó, el campanil brilló, la única plaza llamada “Independencia” guapeó, de la lluvia ni hablar…Entonces lo entendí, ¡esto es Concepción! o mejor dicho, el común, coloquial y cariñosamente conocido por los penquistas “Tropiconce”.


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