Partida
Se retorcía, el dolor era intenso, no había lugar para pensar lo contrario, pues bastaba con ver los espasmos de su diminuto cuerpo para comprender que ni ella misma entendía los sucesos que le acontecían. Parecía que con cada latir, con cada inhalar y exhalar el mundo se le desmoronaba, mas su mirada perdida lo confirmaba, desfallecía.
Las horas transcurrían y el escenario no cambiaba, una serena luna de plata apareció súbitamente mirando el paisaje desolador en el cual se encontraba, cada vez más maltrecha, cada vez más expuesta. Fue tanto el pesar que la luna le pidió explicaciones al mismísimo sol que se apartaba del lugar silenciosamente, como queriendo hacer caso omiso a lo que sus brazos de luz alcanzaron durante las horas de su reinado. pero la luna poco y nada pudo hacer, ya era tarde, muy tarde y no había más nada que resignarse.
Fue una larga y triste noche para la luna, tanto meditó que, tras horas de ensueño, pesar y frustración, el alba tocó su hombro y el sol muy campante salió. La luna con desdeño le señaló el cadáver en su regazo y fue allí, cual ingnición, emergió desde el interior del capullo una hermosa y colorida mariposa, ya no era una “cuncuna” y con paciencia, regocijo y un altivo orgullo miró al sol, con solemnidad miró a la luna, levantó su vuelo y no volvió la vista atrás.

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